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  • Ahora exigimos glamour y acción dramática trepidante. Una generación de cristianos criados entre pulsadores y máquinas automáticas está impaciente por métodos más lentos y menos directos para alcanzar sus objetivos... Los trágicos resultados de este espíritu nos rodean por todas partes: vidas superficiales, filosofías religiosas huecas... la glorificación de los hombres, la confianza en las externalidades religiosas....métodos comerciales, la confusión de la personalidad dinámica con el poder del Espíritu. Estos y otros son los síntomas de una enfermedad maligna.