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Debemos amar porque somos amados por Dios. Debemos ser conscientes de la muerte si queremos tener una comprensión adecuada de la vida. Debemos luchar para crecer, pero sin caer en la trampa del poder que ganamos con esa lucha, porque sabemos que ese poder no vale nada. Por último, debemos aceptar que nuestra alma eterna está, en este momento, atrapada en la red del tiempo con todas sus oportunidades y sus limitaciones.