-
El pasillo me condujo a la escalera de un millón de peldaños. Mi pierna gritó en señal de protesta. Suspiré y empecé a subir. Tenía que evitar cojear. Cojear mostraba debilidad, y no necesitaba que ningún cambiaformas emprendedor y motivado por su carrera intentara desafiarme por el dominio ahora mismo. Una vez mencioné mi deseo de tener un ascensor, y Su Majestad me preguntó si quería que una bandada de palomas me llevara a mis aposentos para que mis pies no tuvieran que tocar el suelo. Estábamos discutiendo y le di una patada en el riñón como represalia.