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  • Le había echado tanto de menos que casi me dolía. Empezó en el momento en que salí de la Fortaleza y me estuvo acosando todo el día. Cada día tenía que luchar conmigo misma para no inventarme razones de mierda para llamar a la Fortaleza y poder oír su voz. Lo único que me salvaba era que Curran no estaba llevando mejor el asunto del apareamiento. Ayer me había llamado a la oficina diciendo que no encontraba sus calcetines. Hablamos durante dos horas.

    Ilona Andrews (2011). “Magic Slays”, p.81, Penguin