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Me lanza una mirada de conflicto y me roza la frente con los labios, justo entre las cejas. Cierro los ojos. No entiendo esto, sea lo que sea. Pero no quiero estropearlo, así que no digo nada. Él no se mueve, se queda con la boca pegada a mi piel, y yo me quedo con las manos en su cintura durante un buen rato.