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De hecho, parece que cuanto más avanzada sea una sociedad, mayor será su interés por las cosas en ruinas, pues verá en ellas un recordatorio aleccionador y redentor de la fragilidad de sus propios logros. Las ruinas suponen un desafío directo a nuestra preocupación por el poder y el rango, por el bullicio y la fama. Ponen en entredicho la insensatez de nuestra búsqueda exhaustiva y frenética de la riqueza.