-
Te conozco. Te recuerdo. ¿Quién eres? Me estás destruyendo. Eres bueno para mí. ¿Cómo podía saber que esta ciudad estaba hecha a medida para el amor? ¿Cómo podía saber que te ajustabas a mi cuerpo como un guante? Me gustas. Qué improbable. Me gustas. Qué lento de repente. Qué dulce. No puedes saberlo. Me estás destruyendo. Eres bueno para mí. Me estás destruyendo. Eres bueno para mí. Tengo tiempo. Por favor, devórame. Deformame hasta la fealdad. ¿Por qué no tú? ¿Por qué no tú en esta ciudad y en esta noche, tan parecidas a otras ciudades y a otras noches que apenas se nota la diferencia? Te lo ruego.