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No, querida, no estoy enamorado de ti, no más de lo que tú lo estás de mí, y si lo estuviera, serías la última persona a la que se lo diría. Que Dios ayude al hombre que te ame de verdad. Le romperías el corazón, mi querida, cruel y destructiva gatita que es tan descuidada y confiada que ni siquiera se molesta en envainar sus garras.