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Siempre es así con mis nuevos estudiantes, y especialmente con los humanos; la mente es el último músculo que entrenan o usan, y el que menos consideran. Pregúntales sobre esgrima y podrán enumerar todos los golpes de un duelo de hace un mes, pero pídeles que resuelvan un problema o hagan una declaración coherente y... bueno, tendría suerte si obtuviera algo más que una mirada perdida a cambio.