-
Hace mucho tiempo, en China, los fabricantes de nudos ataban cuerdas para hacer botones y ranas, y cuerdas para hacer campanas. Había un nudo tan complicado que dejaba ciego al anudador. Finalmente, un emperador prohibió este cruel nudo y los nobles ya no pudieron encargarlo. Si yo hubiera vivido en China, habría sido un anudador proscrito.