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Así te quedas sin muerte, volchitsa. Recorre el mismo cuento una y otra vez, hasta que te hagas un hueco en el mundo, hasta que, incluso si desaparecieras, el cuento seguiría girando, seguiría sonando, como un fonógrafo, y tendrías que levantarte de nuevo, incluso con una bala en el ojo, para interpretar tu papel y decir tus líneas.