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  • Jesús ha elegido, incluso en un cuerpo resucitado y por lo demás perfeccionado, conservar para beneficio de sus discípulos las heridas en sus manos, en sus pies y en su costado: señales, si quieres, de que las cosas dolorosas suceden incluso a los puros y perfectos; señales, si quieres, de que el dolor en este mundo no es prueba de que Dios no te ama; señales, si quieres, de que los problemas pasan y la felicidad puede ser nuestra.