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  • De niño escuché esta historia en la iglesia. Un hombre estaba remendando el tejado inclinado de un edificio alto cuando empezó a resbalar. Al acercarse al borde del tejado rezó: "Sálvame, Señor, e iré a la iglesia todos los domingos, dejaré de beber, seré el mejor hombre que esta ciudad haya conocido". Al terminar su oración, un clavo se enganchó en su mono y le salvó. El hombre miró al cielo y gritó: "No importa, Dios. Me he encargado yo mismo". Qué verdad la nuestra.

    FaceBook post by Richard Paul Evans from Jan 08, 2012