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  • Creo que nunca fue feliz a menos que alguien estuviera enamorado de él, respondiendo a él como limaduras a un imán, ayudándole a explicarse, prometiéndole algo. No sé qué era. Quizá le prometieron que siempre habría mujeres en el mundo que dedicarían sus horas más brillantes, frescas y raras a cuidar y proteger esa superioridad que él atesoraba en su corazón.

    F. Scott Fitzgerald (2004). “The Complete Short Stories, Essays, and a Play”, p.1022, Simon and Schuster