-
No supo cuánto tiempo pasó, pero más tarde recordó ese rato de llanto en un rincón de la oscura cueva y pensó que fue cuando aprendió la regla más importante de la supervivencia, que era que sentir lástima por uno mismo no funcionaba. No era sólo que estuviera mal hacerlo, o que se considerara incorrecto. Era más que eso: no funcionaba.