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Él nunca se apresura. Nunca muestra sus cartas. Siempre cuelga primero....Como cuando empezamos a hablar por teléfono, siempre era él quien colgaba primero. Cuando nos besábamos, él siempre se apartaba primero. Siempre me tenía al borde de la locura. Sentía que lo deseaba demasiado, lo que me hacía desearlo más. .... [Era] insoportable y maravilloso. Se siente bien querer algo tanto. Pensaba en él como piensas en la cena cuando llevas día y medio sin comer. Como si fueras a vender tu alma por él.