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La Verdad no es una ramera que echa los brazos al cuello de quien no la desea; al contrario, es una belleza tan tímida que ni siquiera el hombre que lo sacrifica todo por ella puede estar seguro de sus favores.
La Verdad no es una ramera que echa los brazos al cuello de quien no la desea; al contrario, es una belleza tan tímida que ni siquiera el hombre que lo sacrifica todo por ella puede estar seguro de sus favores.