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Así que te vas de donde tenías miedo. Algunos se quedan; otros se van; es una gran diferencia, dejar las humillaciones de la infancia, el miedo morboso. No teníamos mucho que decirnos, los que nos íbamos y los que nos quedábamos. Los niños se avergüenzan del miedo, pero eso no se lo puedes decir a los adultos; no les importa. Convierten a los niños en cosas muertas como ellos. Si queda algo vivo en ti, huyes. Huyes de la pobre niña de rodillas; el miedo quemó la piel; sigue de rodillas, muerta, cruda y tierna.