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La crítica ha arrancado las flores imaginarias de la cadena no para que el hombre siga soportando esa cadena sin fantasía ni consuelo, sino para que se deshaga de la cadena y arranque la flor viva. La crítica de la religión desilusiona al hombre, para que piense, actúe y modele su realidad como un hombre que ha desechado sus ilusiones y recuperado sus sentidos, para que se mueva en torno a sí mismo como su propio Sol verdadero. La religión es sólo el Sol ilusorio que gira en torno al hombre mientras éste no gire en torno a sí mismo.