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¿Te deslumbro?". Expresé mi curiosidad impulsivamente, y entonces las palabras salieron y fue demasiado tarde para recordarlas. Pero antes de que tuviera tiempo de arrepentirme demasiado de haber pronunciado las palabras en voz alta, ella respondió "Con frecuencia". Y sus mejillas adquirieron un tenue brillo rosado. La había deslumbrado. Mi silencioso corazón se hinchó de una esperanza más intensa de la que recordaba haber sentido nunca.