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  • La mayoría de los sueños mueren lentamente. Se conciben en un momento de pasión, con la perspectiva de un sinfín de posibilidades, pero a menudo languidecen y no se persiguen con la misma intensidad sincera que cuando nacieron. Lenta y sutilmente, un sueño se vuelve esquivo y efímero. Las personas que han perdido sus propios sueños se vuelven pesimistas y cínicas. Sienten que el tiempo y la devoción invertidos en perseguir sus sueños fueron en vano. Las cicatrices emocionales duran para siempre.

    Dean Karnazes (2017). “Ultramarathon Man: Confessions of an All-Night Runner”, p.78, Atlantic Books