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Captando la belleza de la conversión del agua en vino, el poeta Alexander Pope dijo: "El agua consciente vio a su Maestro y se ruborizó". Esa sublime descripción podría reelaborarse para explicar cada uno de estos milagros. ¿Acaso era diferente, en principio, que un cuerpo roto se reparase por orden de su Hacedor? ¿Era descabellado que el Creador del universo, que creó la materia de la nada, multiplicara el pan para la multitud? ¿No estaba en el poder de Aquel que llamó a la existencia a todas las moléculas entrelazarlas para que pudieran llevar Sus pasos?