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  • Pasó mucho tiempo volando. Aprendió a comunicarse con los pájaros y descubrió que sus conversaciones eran muy aburridas. Todo tenía que ver con la velocidad del viento, la envergadura de las alas, la relación potencia-peso y un poco con las bayas. Desgraciadamente, una vez que has aprendido el lenguaje de los pájaros, te das cuenta enseguida de que el aire está lleno de ese parloteo inane. No hay forma de evitarlo.

    Douglas Adams (2009). “Life, the Universe and Everything”, p.148, Pan Macmillan