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  • El alma del hombre, dejada a su propio nivel natural, es un cristal potencialmente lúcido abandonado en la oscuridad. Es perfecta en su propia naturaleza, pero le falta algo que sólo puede recibir de fuera y por encima de sí misma. Pero cuando la luz brilla en ella, se transforma en cierto modo en luz y parece perder su naturaleza en el esplendor de una naturaleza superior, la naturaleza de la luz que está en ella.

    Thomas Merton (1998). “The Seven Storey Mountain”, p.211, Houghton Mifflin Harcourt