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El alma del hombre, dejada a su propio nivel natural, es un cristal potencialmente lúcido abandonado en la oscuridad. Es perfecta en su propia naturaleza, pero le falta algo que sólo puede recibir de fuera y por encima de sí misma. Pero cuando la luz brilla en ella, se transforma en cierto modo en luz y parece perder su naturaleza en el esplendor de una naturaleza superior, la naturaleza de la luz que está en ella.