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Mi deseo de conocimiento es intermitente; pero mi deseo de bañar mi cabeza en atmósferas desconocidas para mis pies es perenne y constante. Lo más elevado que podemos alcanzar no es el Conocimiento, sino la Simpatía con la Inteligencia. No sé si este conocimiento más elevado equivale a algo más definitivo que a una novedosa y gran sorpresa ante una súbita revelación de la insuficiencia de todo lo que antes llamábamos Conocimiento, un descubrimiento de que hay más cosas en el cielo y en la tierra de las que sueña nuestra filosofía.