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Al mirar hacia el futuro de la sociedad, nosotros -tú y yo, y nuestro gobierno- debemos evitar el impulso de vivir sólo para hoy, saqueando para nuestra propia facilidad y conveniencia los preciosos recursos del mañana. No podemos hipotecar los bienes materiales de nuestros nietos sin arriesgarnos a perder también su patrimonio político y espiritual. Queremos que la democracia sobreviva para todas las generaciones venideras, no que se convierta en el fantasma insolvente del mañana.