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Cuando nuestra carreta se atasca en el barro, es mucho más probable que Dios ayude al hombre que sale a empujar que al que se limita a levantar la voz en oración, por muy elocuente que sea la oratoria.
Cuando nuestra carreta se atasca en el barro, es mucho más probable que Dios ayude al hombre que sale a empujar que al que se limita a levantar la voz en oración, por muy elocuente que sea la oratoria.