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La belleza es una forma de genio; de hecho, es más elevada que el genio, ya que no necesita explicación. Es uno de los grandes hechos del mundo, como la luz del sol, o la primavera, o el reflejo en las aguas oscuras de esa concha plateada que llamamos luna. No se puede cuestionar. Tiene derecho divino de soberanía. Convierte en príncipes a quienes lo poseen.