-
Ahora, mamá, papá y señor -dijo Ramsés-, retiraos a la esquina más alejada y agachaos de espaldas. Es como me temía; nunca podremos atravesarlas de este modo. Las paredes tienen dos metros y medio de grosor. Afortunadamente traje un poco de nitroglicerina..." "¡Oh, Dios mío!", chilló el inspector Cuff.