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Los más despreciables de la humanidad no temen condenar en otros los mismos desórdenes que permiten en sí mismos; y pueden descubrir fácilmente alguna agradable diferencia de edad, carácter o posición, para justificar la distinción parcial.
Los más despreciables de la humanidad no temen condenar en otros los mismos desórdenes que permiten en sí mismos; y pueden descubrir fácilmente alguna agradable diferencia de edad, carácter o posición, para justificar la distinción parcial.