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  • Albert y yo nos pasábamos horas y horas mirándolas. Cleo tenía una gran lupa en su escritorio y encontrábamos ciempiés, saltamontes, escarabajos, bichos de la patata, hormigas... y los metíamos en un tarro y los mirábamos. Tienen las caritas más dulces y las expresiones más bonitas. Después de mirarlos todo lo que queríamos, los sacábamos al patio y los dejábamos que siguieran a lo suyo.