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La poesía comenzó en la era matriarcal, y deriva su magia de la luna, no del sol. Ningún poeta puede esperar entender la naturaleza de la poesía a menos que haya tenido una visión del Rey Desnudo crucificado en el roble cortado, y haya visto a los bailarines, con los ojos enrojecidos por el humo acre de los fuegos del sacrificio, marcando el compás de la danza, con sus cuerpos inclinados groseramente hacia delante, con un canto monótono de "¡Mata! ¡Mata! ¡Mata!" y "¡Sangre! ¡Sangre! ¡Sangre!