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En el revoltijo ordinario de mi cajón literario, a veces encuentro textos que escribí hace diez, quince o incluso más años. Y muchos de ellos me parecen escritos por un desconocido: sencillamente, no me reconozco en ellos. Hubo una persona que los escribió, y fui yo. Los viví, pero fue en otra vida, de la que acabo de despertar, como de un sueño ajeno.