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  • Me siento aliviada de que Peeta esté vivo. Me repito que si me mata, sus ganancias beneficiarán más a mi madre y a Prim. Esto es lo que me digo a mí misma para explicar las emociones contradictorias que surgen cuando pienso en Peeta. La gratitud de que juegue con ventaja al profesarme su amor en la entrevista. La rabia por su superioridad en el tejado. El temor de que podamos encontrarnos cara a cara en cualquier momento en esta arena.