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Los que escribimos y estudiamos la historia estamos acostumbrados a sus aproximaciones y ambigüedades. Por eso no tomamos al pie de la letra los relatos de décima mano de campesinos asustados y analfabetos que afirman haber visto milagros o haber tenido encuentros con mesías y profetas y redentores que eran, como ellos, simples seres humanos. Y también por eso nunca nos someteremos al dictado de quienes hacen gala de una creencia fanática en la certeza y la revelación.