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Cuando tenía seis años me eché azúcar en la cabeza, me convencí de que era polvo de hadas, deseé ser invisible y entré en el baño de chicos del colegio.
Cuando tenía seis años me eché azúcar en la cabeza, me convencí de que era polvo de hadas, deseé ser invisible y entré en el baño de chicos del colegio.