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  • Y sobre todo, debes preguntarte qué puerta es la verdadera; no cuál te agrada más por su pintura y revestimiento... la pregunta nunca debe ser: "¿Me gusta ese tipo de servicio?", sino "¿Son verdaderas estas doctrinas: existe la santidad? ¿Mi conciencia me mueve hacia esto? ¿Mi renuencia a acercarme a esta puerta se debe a mi orgullo, o a mi mero gusto, o a mi aversión personal por este portero en particular?

    C. S. Lewis (2009). “Mere Christianity”, p.16, Harper Collins