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  • Echamos la cabeza hacia atrás y la abrimos de par en par. La nieve se desliza por nuestras bocas de zombis llenas de grasa, maldiciones, escamas de tabaco, caries y zumo de novio/novia, la mancha de las mentiras. Por un momento no somos exámenes suspensos, condones rotos y trabajos copiados; somos lápices de colores y fiambreras y nos balanceamos tan alto que nuestras zapatillas agujerean las nubes. Por un momento todo parece mejor. Luego se derrite. Los conductores de autobús aceleran sus motores y la nube de hielo se hace añicos. Todo el mundo avanza arrastrando los pies. No saben lo que acaba de pasar. No lo recuerdan.