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  • Nos consolamos reviviendo recuerdos de protección. Algo cerrado debe conservar nuestros recuerdos, dejándoles su valor original como imágenes. Los recuerdos del mundo exterior nunca tendrán la misma tonalidad que los del hogar y, al evocarlos, engrosamos nuestro acervo de sueños; nunca somos verdaderos historiadores, sino siempre poetas cercanos, y nuestra emoción tal vez no sea más que la expresión de una poesía que se perdió.