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  • Nos bajamos en la siguiente salida, en silencio, y, el cambio de los conductores, caminamos delante del coche. Nos encontramos y me abracé a él, con mis manos cerradas en apretados puños alrededor de sus hombros, y él me rodeó con sus cortos brazos y me apretó con fuerza, de modo que sentí las sacudidas de su pecho mientras nos dábamos cuenta una y otra vez de que seguíamos vivos. Me di cuenta en oleadas y nos aferramos el uno al otro llorando y pensé: "Dios, debemos de parecer tan patéticos", pero no importa cuando acabas de darte cuenta, todo el tiempo después, de que sigues vivo.

    John Green (2015). “Looking For Alaska Special 10th Anniversary Edition”, p.164, Penguin