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No hay pasión más fuerte en el pecho de un hombre que el deseo de hacer creer a los demás lo que él cree. Nada afecta tanto a la raíz de su felicidad y le llena de rabia como la sensación de que otro valora poco lo que él valora mucho.
No hay pasión más fuerte en el pecho de un hombre que el deseo de hacer creer a los demás lo que él cree. Nada afecta tanto a la raíz de su felicidad y le llena de rabia como la sensación de que otro valora poco lo que él valora mucho.