Autores:
  • LAS MIL injurias de Fortunato las había soportado como mejor pude, pero cuando se aventuró a insultarme juré vengarme. Vos, que tan bien conocéis la naturaleza de mi alma, no supondréis, sin embargo, que pronuncié una amenaza. Al fin me vengaría; éste era un punto definitivamente resuelto, pero la misma definitividad con que estaba resuelto excluía la idea de riesgo. No sólo debo castigar, sino castigar impunemente. Un agravio no se repara cuando la venganza alcanza a quien lo repara. Queda igualmente sin reparar cuando el vengador no se hace sentir como tal ante quien ha cometido el agravio.

    Edgar Allan Poe (1984). “Poetry and Tales”, p.848, Library of America