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Elizabeth se llevó las manos a la boca; los ojos se le llenaron de lágrimas de felicidad al darse cuenta de que él estaba cumpliendo otra de las actividades que ella y su madre se habían propuesto. "¿Por qué cumples todos los sueños de mi madre?", preguntó ella, estudiando su rostro y buscando respuestas. "Para que no huyas como ella en su busca", respondió él, cogiéndole la mano. "¡Venga, únete!", dijo, dando un salto.