-
No recuerdo muchas cosas de adentro hacia afuera. No recuerdo qué se sentía al tocar las cosas, ni cómo el agua del baño recorría mi piel. No me gustaba que me tocaran, pero era una aversión extraña. No me gustaba que me tocaran porque lo deseaba demasiado. Quería que me abrazaran muy fuerte para no romperme. Incluso ahora, cuando la gente se inclina para tocarme, o me abraza, o me pone una mano en el hombro, contengo la respiración. Giro la cara. Quiero llorar.