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  • Pero la Iglesia no puede ser, en ningún sentido político, ni conservadora, ni liberal, ni revolucionaria. El conservadurismo es con demasiada frecuencia conservación de las cosas equivocadas; el liberalismo, relajación de la disciplina; la revolución, negación de las cosas permanentes.

    T. S. Eliot (2014). “Christianity and Culture”, p.84, Houghton Mifflin Harcourt