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Tal vez todos tengamos en nosotros un estanque secreto donde germinan y se fortalecen el mal y las cosas feas. Pero esta cultura está vallada, y la cría nadadora trepa sólo para caer de nuevo. ¿No será que en los estanques oscuros de algunos hombres el mal crece lo bastante fuerte como para retorcerse por encima de la valla y nadar libre? ¿No sería tal hombre nuestro monstruo, y no estamos emparentados con él en nuestra propia agua oculta? Sería absurdo que no comprendiéramos tanto a los ángeles como a los demonios, puesto que nosotros los inventamos.