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Antes pensaba que lo importante eran las cosas que se podían ver, como el coche, la casa, la riqueza, la propiedad o la oficina. Pero a medida que me he ido haciendo mayor, me he convencido de que lo más importante son las cosas que no se ven: el amor que compartes con los demás, tu propósito interior, tu comodidad con lo que eres.