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  • Seguí pidiéndole ayuda a Dios, y después de un tiempo me di cuenta de algo: que Josh tampoco estaba disfrutando de esto. Sólo intentaba cuidar de sí mismo, y tomé la decisión radical de dejarle libre de culpa.

    Anne Lamott (2000). “Traveling Mercies: Some Thoughts on Faith”, p.93, Anchor