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La futilidad de todo lo que nos llega de los medios de comunicación es la consecuencia ineludible de la absoluta incapacidad de ese escenario concreto para permanecer en silencio. Música, cortes publicitarios, flashes informativos, anuncios, telediarios, películas, presentadores... no hay más remedio que llenar la pantalla; de lo contrario, se produciría un vacío irremediable..... Por eso el más mínimo fallo técnico, el más mínimo desliz del presentador, resulta tan emocionante, porque revela la profundidad del vacío que nos mira a través de esta pequeña ventana.