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Pero le costaba mantener las manos quietas. Casi podía sentir cómo se agitaban con el fuerte deseo de estirar las manos y acariciar la cabeza del perro. Tenía unas ganas terribles de volver a amar algo, y el perro era tan hermoso y feo.
Pero le costaba mantener las manos quietas. Casi podía sentir cómo se agitaban con el fuerte deseo de estirar las manos y acariciar la cabeza del perro. Tenía unas ganas terribles de volver a amar algo, y el perro era tan hermoso y feo.